Demonios Terrenales – Epilogo

Fecha: 05/02/2020

Autor: Helena

Categorias: Historias, Literatura

Demonios Terrenales - Foto tomada de: https://www.flickr.com/photos/beija-flor/6086530001

¡¡¡Aviso Importante!!!: La siguiente publicación literaria no es apta para todo público, mucho menos para gente sensible. Contiene temas muy oscuros pero realistas, por lo que se considera +18. Bajo tu propio riesgo puedes continuar leyendo y disfrutar de la lectura como lo que es, una obra literaria.

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Demonios Terrenales – Epilogo

¿Quién dice que el silencio no habla? Cuando es un pueblo entero quien recurre a él. Cuando piensan usarlo de mural para esconder los horrores de una historia que quisieran olvidar, como esa cicatriz en el cuerpo que jamás será borrada, trayendo consigo recuerdos dolorosos.

El silencio en el que quieren refugiarse en un intento desesperado por aplacar los deseos de un demonio que los condenó a todos y arruinó un paraíso terrenal lejos del cemento industrial. El silencio no es tan implacable como quisiera. El silencio habla. El silencio susurra cada vez que un pueblerino de Guares cruza la mirada con otro en la calle, en pleno tránsito. Estas miradas se conectan por un segundo y quiebran cualquier intento de valentía.

El silencio se ríe en la cara de los profesores en sus aulas donde más de la mitad de los pupitres están vacíos, y los ocupados apenas intercambian palabras entre sí. Para completarles el panorama, el silencio les invita a observar ese asiento vacío en el salón de profesores que alguna vez le perteneció a una maestra muy especial en muchos sentidos, más de los que quisieran.

No, el silencio no es mudo. El silencio grita, aclama y ruge como las bestias por la noche, como los lobos por la madrugada. Ladra como perro rabioso intentando zafarse de la cadena. Nadie quiere hablar, pero el silencio lo hace por ellos.

La leyenda se convirtió en leyenda por las meras voces que le otorgaron ese papel a base de anécdotas. Del futuro de aquel hombre, aquel demonio que los aterrorizó, poco se sabe y poco se sabrá. Dice la leyenda que un día Guares cerró sus puertas, trancó sus vías y no dejó a ningún visitante entrar. Los más habladores cuentan como un juicio público se celebró en la plaza principal del pueblo, y como en él, un hombre altamente odiado fue torturado por los pueblerinos quienes no dudaron en castigarlo. Cuenta también la leyenda que ese hombre jamás dejó de sonreír, ni aun cuando su corazón dejo de latir.

Murió feliz, sintiéndose victorioso y orgulloso de su obra, recibiendo el odio como aplausos. Pero esos son leyendas, solo leyendas, ¿no?

Hechos más concretos sería la tasa de suicidios que aumentó drásticamente ese año, ocupada casi en su totalidad por chicos que estuvieron en cautiverio por demasiado tiempo y no pudieron escapar de sus pesadillas.

Una vez más el silencio se burlaba de ellos por las noches y les traía con el viento la risa de aquel demonio que les destruyó el alma y el cuerpo a partes iguales. Sus ojos cerrados colaboraron con su imagen cuando dormían, cuando soñaban, cuando aún podían sentir esas ásperas y rudas manos golpeándolos con la brutalidad de un animal mientras de fondo una mujer lanzaba burlas vulgares en sus oídos sensibles.

No se les puede culpar por haber caminado a solas por la calle teniéndole miedo a las sombras de la acera o la luz de la luna. En cada esquina estaba él. En cada esquina acechaba con iniciar de nuevo su juego sádico.

Tampoco se les puede culpar a los padres que decidieron seguir el ejemplo de sus hijos y se arrojaron a la muerte. Tras recibir milagrosamente la llegada del pequeño de nuevo a sus hogares, y comprender que estaba muerto hace mucho, el acto de dejarlos ahorcarse era una simple formalidad.

Guares, el pueblo maldito.

Arruinado por una pareja.

Tal vez aprendieron una lección que hace años la sabiduría debió hacerles llegar. Tal vez la inocencia del letargo pasivo los confundió y no les alertó de una realidad que se presenta ficticia por las veces que se ve en libros y películas. Una orden no escrita como el onceavo mandamiento olvidado: para que existan los ángeles, deben existir lo demonios, y estos habitan en la tierra.

Los grandes ejemplos son solo eso: Grandes ejemplos. Pero existen ejemplos más pequeños escondidos en las sombras de sus mayores. El demonio que hace que un hombre asesine a un perro. El demonio que hace que un hombre robe a sus semejantes. El demonio que está implícito en la naturaleza humana y nadie se le escapa, pues basta un detonante para despertarlo y después no hay quien se salve.

Tal vez Mike Ojeda si sea recordado tal como él lo quiso, en la mente de aquellos niños valientes marcados de por vida que vivirán sin vivir; pero en todo caso, su historia es más una lección que otro caso fortuito de la bestia vestido de humano. Una muestra de desconfianza innata que Guares ganó y ahora nunca olvidará. El saber que la oscuridad puede disfrazarse de cualquier ser humano que te cruzas en la calle al caminar. La maldad es la naturaleza humana pervertida por la infamia

Después de todo, la historia de Guares es una historia ficticia basada en muchos casos reales.

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Fin

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Notas:

Puedes leer los demás capítulos bajo la etiqueta: Demonios-Terrenales.

El autor de esta obra es Samuel Molina. Puedes seguirlo en sus redes sociales: Twitter  y Youtube.

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PD:

El mundo es lugar lleno de ironias.

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