Cuerda Floja

Día 00 – Diario de un desempleado

De un Desempleado En un Diario Negocios

Es bueno verte por estos lares mi querido e inocente lector. Te cuento mi sentir: Estaba a un par de días, podría decir que a horas de terminar este contrato laboral y ser un desempleado mas en esta ciudad. Cuando acepte el trabajo sabía que era por temporada. Casi estaba escrito que solo serían 6 meses sin ninguna oportunidad de quedar con un contrato de tiempo indeterminado.

Pero ese papel no sabía a ello, mucho menos los primeros meses. Hasta llegar al último mes, donde tu perspectiva va cambiando. Cada día que avanza, se va acumulando la desesperación, ansiedad e intriga del: ¿Y Ahora?

 

Un día antes del Fin

El ambiente laboral de unas semanas a la fecha se ha vuelto más “valemadrista”. Uno ya no teme a cometer errores pensando en que posteriormente no nos enfrentaremos a las consecuencias. Es inevitable ofrecer un servicio de calidad, pero también si hay un fallo menor ya no se toma en cuenta. La mayoría del personal a estas alturas piensa: “¿A quién le perjudicara? A mí ya no!”.

Los pocos clientes que llegan por las festividades de año nuevo te desean un feliz año. Ese “Nos vemos el 6 para la rosca” solo entristece más al alma, sabiendo que el 3 de enero acaba mi contrato, ya no los volveré a ver. Así con los pocos clientes que han llegado. Qué bueno que no me encariñe con ellos, con la mayoría ni siquiera me aprendí sus nombres.

Uno comienza a buscar y revisar dentro de tantas ofertas de empleo alguna que cumpla con las expectativas propias; y que claro, que dentro de tantos requisitos mínimos yo cumpla con el 95%. El problema del 5% restante, es la solicitud de licencia vigente, Ingeniería o alguna carrera en especial con experiencia mínima de 2 años en el ramo solicitado; algo prácticamente imposible si también vemos que la edad es de 24 a 26 años. ¿Los salarios? ese es otro problema; un tema muy triste del cual ya tendré tiempo de hablarles y de exponer mi queja al mundo.

Termina un día, ahora ya solo queda uno, un par de horas, es algo inevitable. Jamás me había tocado trabajar bajo contrato determinado, jamás había experimentado algo como esto; siempre eran contratos sin fecha de caducidad, siempre era la costumbre de seguir esperando una tras otra las quincenas.

Jamás había sentido el sabor de recibir tu última quincena, jamás me había preguntado: “¿Como la racionare?“. En fin, sé que tengo un buen CV, experiencia para trabajar donde sea, solo falta saber en dónde me reconocerán.

 

El día del Fin y el Principio

Ultimo día, últimos minutos de una agradable estancia laboral. Los nervios están full, al igual que la ansiedad por saber cómo será el mañana. Mañana que comience la cuenta regresiva para la cancelación de mi seguro social. Como si de algo sirviera en esta ciudad.

¿Qué hay que hacer el último día de trabajo pre-programado? La verdad nada fuera de lo normal, entregar todo lo que se tenga que entregar para que ya no tengan que estarte llamando para ver donde lo dejaste; ya sea material, información, libretas, o cualquier cosa que hayas usado durante tu estancia laboral. Dejar listo todo esto fue sencillo, no tenía un gran desorden y toda mi información estaba guardada en el mismo sistema que ocupamos para la venta.

Parece un día normal, tan normal que si tuviera otra cosa en la cabeza que no fuese lo obvio, siendo tú un cliente, ni te abrías percatado que el día de mañana ya no me volverás a vernos. Así un par de clientes con la misma osadía del día anterior, así, hasta llegar a la hora de cierre. Tan normal que cada quien realiza las actividades de cierre sin ninguna relevancia; tan normal que al terminar, cada quien toma sus cosas esperando la autorización para irnos a casa.

¿La despedida? Muy sencilla, nada extraordinario, lo podría resumir todo en un “Hasta Pronto”, un abrazo y un gracias. Si!, tampoco me lo esperaba, pero así son las cosas cuando la caducidad llega a su fecha: caduca y lo tiras, sin sentir nada.

Es raro para mí, en mis anteriores trabajos las despedidas eran algo emotivas, como en la escuela; había quienes hasta incluso lloraban o simple y sencillamente te abrazaban tan fuerte con ganas de no dejarte ir. Todo esto fue algo nuevo para mí, tal vez porque en mis trabajos anteriores las despedidas eran repentinas, nada estaba planeado en aquellas situaciones. Era yo siempre la persona que renunciaba.

Incluso la empresa, por fin me había encontrado con una empresa que cubría con gran parte de mis expectativas laborales; me atrevo a decir que es la empresa en la que muchos nos gustaría seguir trabajando; jamás tuve algún inconveniente con la misma, incluso la misma dependía mucho de la comodidad de sus empleados. Tanto que cada año realizan actividades festivas para sus empleados, como el Día del Niño, 10 de Mayo, Día del Padre, y un evento anual de juegos para hacerles comprender a sus empleados que sin ellos, la empresa no es nada, que por ello necesita de sus capacidades, del trabajo en equipo y de sus actitudes. Raro! Lo sé!. Te apuesto que no me lo crees, yo tampoco lo creía.

Así termino el último día, como cualquier otro. Sales por la puerta de siempre, pero no con la misma idea de que mañana tienes que venir temprano para que no te reporten falta. Ahora es diferente, ves el mundo un poco más grande, un poco más brilloso, con un poco más de miedo.

Caminar a casa no es lo mismo, tienes tantas cosas no solo en la cabeza, sino en el corazón. Es raro para mí, porque es la primera vez que me pasa al salir de una empresa.

¿Qué será de mi mañana? Si has pasado por algo similar, sabrás que ahora se respira el miedo, la incertidumbre, las ansias y sobre todo, esperanza.

 

P.D. Por si se lo preguntan: Si! Esto es mi vida, mi experiencia y mi sufrir durante estos horribles días donde uno anda de nini (NI trabaja NI estudia).