—Hola ¿Te acuerdas de mí?, ¿Aun sientes el olor de mi lejanía?¿Sientes mi presencia en tu mente? ¿Aun aparezco en tus letras? — dijo, fríamente y sin pausa su voz en mi cabeza.

—… —No sé qué decirle, simplemente no puedo responder a esas preguntas, tengo miedo de encontrarle en aquellas respuestas, tengo miedo de no haberle olvidado, de no haber cerrado el ciclo completamente. No puedo responder a esas cuestiones aún. Simplemente no puedo responder.

No sé qué sucede dentro de mí, pero en este preciso momento el estar atada a la posibilidad de responder me hace sentir con una ventana abierta descompuesta, con el cerrojo roto y con una ráfaga de viento colándose por mi interior, rompiendo con todo aquello que creí estaba firme. Por eso no puedo responder a esas preguntas. Prefiero huir. Prefiero alejarme, dejar todo como antes, decir adiós y marcharme lentamente, como quien huye de su propia sombra, en camino contrario a donde sale el sol.

—¿Aun me notas?, ¿Aun me sientes? — continua diciendo la voz en mi cabeza, continua martillando las fibras delicadas de mis recuerdos viejos y rotos.

—… —No sé qué decirle, no sé qué responderle, no sé si es bueno aun hablarle de lo que siento, ¿de lo que siento? ¿Aun siento?… Por un momento creí que ya no sentía.

No entiendo lo que siento, no entiendo estas ganas constantes de huir de todos, del mundo, de mí, no entiendo nada de esto, ni entiendo nada de nadie, ni de… si, tampoco le entiendo a esa voz que cree saberlo todo.

—Aun me recuerdas, admítelo. —Dijo tocando justamente la fibra más delgada y frágil de mi interior.

—… —Estoy con miles de palabras en la cabeza para decirle, pero no encuentro las exactas, no encuentro la respuesta aunque si la sé, la sé, la tengo aquí en la punta de la lengua, pero no logro encontrarla.

No me entiendo últimamente, no me entiendo desde hace dos años, no me entiendo desde aquel día que se fue, desde el día en que me quede esperando, no me entiendo. Cuando creo entenderme viene algo que lo cambia todo, y que me regresa a la realidad, y me hace otra vez saber que no entiendo nada.

—La vida no se entiende. —Dijo, y mientras lo dice, mis ojos se quedan fijos, sin movimiento, siento mi corazón detenerse, siento el dolor en las manos, y suavemente siento aquella aguja bañando mi sangre del poco recuerdo que aún tengo de mí. Me cubre en seguida un calor en todo el cuerpo, me lleno de energía, mis pupilas se dilatan, siento mi cuerpo flotando, siento como si no existiese, me siento libre, me siento una pequeña partícula en el universo. Lo veo todo claro. Veo las respuestas. Las siento en mí. Lo entiendo todo.

—¡Despierta!, solo es un sueño, deja de soñar conmigo… —Me dice con las palabras rotas y con la voz quebrada.

—Probablemente no dejo de soñar contigo, probablemente vives en mí, probablemente no te sueño…

—¡Despierta!… —Su voz me retumba en la cabeza…

—… —Tengo miedo de abrir los ojos, no quiero abrirlos y no encontrarle, no quiero abrirlos, no quiero.

No quiero abrir los ojos, no quiero aceptar la realidad, no sé qué decirle, no se quién soy, no sé si mentirle, si decirle la verdad. No sé quién soy. No sé a dónde voy. No sé quién soy después de nosotros. Estoy perdido.

Debo abrir los ojos, debo abrirlos…

—… —Silencio, vacío, soledad, esto mismo me rodea, esto mismo me rodea como siempre.

—Es momento de olvidarte de todos, de mí, de ti… —dice la voz rompiendo con el miedo.

—Si, es momento. —digo pausadamente, alejándome, y tomando mis sombras, mis miedos.

Es momento, me digo, una y otra vez. Es momento. Es momento. Es momento. Me voy. Me voy de ti. Es momento de irme.

—Encuéntrate, y si aún puedes, vuelve. —Su voz resuena en la lejanía, la escucho mientras mis pasos se mueven sin pausa hacia adelante, dejando el sol, dejando las sombras. Escucho la voz mientras mis pasos caminan sin perderse de ellos y su tiempo. Camino, camino y no dejo de andar. Camino para encontrarme. Camino para no perderme de mí, y para perderme de todos.

 

***

Esclavo de una Voz

Obra de

Copyright © Todos los Derechos son del Autor

Paulina BRCS

Publicado por Helena

Escribía para mí hasta que me di cuenta que me lees, ahora escribo para ambos, porque hay algo que nos une en esta hermosa e irónica vida.