Hubo una vez un sapo y… El cual estaba en la orilla de una extensa quebrada; recostado sobre una rama cerca a la orilla, muy cerca al agua; observando las hojas de los árboles, tratando de ver el cielo; contemplando la hermosura de la naturaleza.

Un Alacrán lo observaba detrás de unos arbustos. Tratando de hacerse amigo del sapo, botando la vergüenza, poniendo su mejor rostro de amistad, se acercó al sapo y le pregunto:

— ¿Me ayudarías a cruzar al otro lado de la quebrada? Por favor; Yo me subo en ti y tú nadas hasta el otro lado.
— No, no puedo hacerlo, si tú te pones sobre mí puedes picarme y yo de seguro que moriría al instante.
— Piénsalo: si yo te pico en medio de la quebrada, tú morirás, pero también yo moriré; porque si tú te hundes yo me hundo también y moriré junto contigo; Solo quiero ir al otro lado. ¿Me ayudarás?.

Al sapo, esas palabras no le sonaban sinceras, en su pequeño cerebro, en un micro segundo analizo la propuesta, pero pudo más el deseo de servir al prójimo.

Después de meditarlo por unos segundos el sapo accedió.

— Está bien, yo te ayudaré. Te llevaré al otro lado de la quebrada y luego tu seguirás tu camino solo. Te dejo a la otra orilla y yo me regreso a seguir disfrutando del tiempo, de la vida, del viento fresco, de mi vida.
— Estoy de acuerdo contigo. Será el primer favor que te pida. Te estaré agradecido por el resto de mi existencia.

El Alacrán de un salto subió en el lomo del sapo. El sapo con mucho esfuerzo nadó tan servicial.

Mientras iba a mitad de la quebrada sintió un picotazo en su cabeza. Se asustó e inmediatamente se detuvo y le preguntó al Alacrán:

— ¿Por qué me picaste?. Ahora, definitivamente aquí moriremos los dos.
— Discúlpame, discúlpame amigo sapo, no quise hacerlo —decía el asustado Alacrán—, pero no pude evitarlo, esa es mi naturaleza, no puedo controlarlo.

Poco a poco, el pobre sapo comenzó a perder fuerzas y empezó a hundirse en media quebrada; y el Alacrán junto a él.

Los dos se fueron al fondo la quebrada para siempre.

 

¿Moraleja?

Yo podría decir que no se puede confiar en cualquiera, pero suena muy pesimista. ¿Que moraleja le darías tú?

Esta es una fabula que recordé en el tercer día de desempleado.

Publicado por Helena

Escribía para mí hasta que me di cuenta que me lees, ahora escribo para ambos, porque hay algo que nos une en esta hermosa e irónica vida.