Era el 23 de Julio cuando la vida me recordó que la naturaleza está viva. Todo ser vivo dentro y fuera de ella le pertenece como si se tratase de su hijo. Que como ella, sus hijos sienten, viven mientras sufren, ríen y aprenden. Todos al ser hijos de Gaia, somos hermanos, y como tales debemos de respetarnos y ser lo más justos posibles. Tomar de Gaia y de nosotros solo lo necesario para poder seguir adelante dentro del ciclo de la vida.

Era el 23 de Julio después de las 3pm cuando aún las aves cantaban afuera de mi desértico patio. El cual colindaba con la copa de un almendrón que todos los días deja caer sus hojas a mi patio. Como para brindarle un poco de color fuera del gris del concreto.

La tristeza se va cuando las aves cantan su alegría, dulces melodías que hacen de una tarde un momento agradable. Aves revoloteando de un lado a otro sobre un tendedero que cuelga de varilla en varilla; varillas oxidadas que salen del suelo con esperanza de formar parte de la estructura que será pilar de un hogar.

Pasaban de las 3pm cuando las aves en pareja cantaban su alegría contagiosa; revoloteando de un lado a otro, atravesando a ras del suelo gris; como si quisieran pintarlo con sus melodías, con su canto. Parece imposible, pero si lo hubieras visto, la estela amarilla y café que dejaban al pasar velozmente parecía pintar el suelo.

Todo parecía posible, incluso la muerte.

Volaban mientras cantaban a ras de suelo. Todo incluso la muerte era posible, cuando se disfraza de juego, curiosidad e instinto; aun dentro de un ser que parece haber olvidado una de las sencillas reglas de la naturaleza: respeta la vida y toma de ella solo lo necesario.

Pues aun habiendo saciado su hambre, el instinto y curiosidad hicieron que uno de mis gatos observara el júbilo de las aves. Ese observar transformado en asecho cuando empezaron a volar a ras de suelo; ese jubilo que termino cuando la adrenalina corrió por cada átomo del felino queriendo liberar el instinto que sus ancestros le otorgaron.

Con una velocidad y agilidad impresionante que la juventud le regala, corrió al punto exacto donde su zarpazo interceptaría a uno de ellos. La garra golpeo a la pequeña ave haciéndola tambalear en el aire. Como si se tratase de una aeronave F18 o un Sukhoi, lucho por mantener el vuelo e intentar elevarse mientras su compañero salía velozmente de la zona de combate, tal vez jamás vio lo que sucedía hasta que fue demasiado tarde.

El ave caía al suelo, detrás de ella un felino corría para darle el golpe final. El ave toco suelo, tomo impulso y en un salto quiso recuperar el vuelo, pero ya era demasiado tarde, la garra del felino estaba encima de ella. Tras un golpe velos el ave impacto contra una pared a un centímetro del suelo; el gato sin tener tiempo para el frenado también impacto en la pared, logrando cubrir al ave, acorralándola.

Era el 23 de Julio pasando de las 3pm cuando uno de mis gatos violo una regla que en mi casa hay para ellos: Las aves e insectos no se comen, respeta ello y no te faltara nada.

Cuando me percate de lo que estaba a punto de pasar, corrí con la esperanza de detener el instinto del felino. Cuando impacto contra la pared mi mano se extendía para quitarlo de encima de la pequeña ave; sin embargo para cuando lo levante del suelo ya llevaba el ave en su boca.

Cuando lo sometí en el piso, sus afilados colmillos habían penetrado la delgada defensa del ave. Al retirarla de las fauces del gato aun tenia vida; vida que se fue desvaneciendo a la par mientras me ponía de pie. Tristemente pude ver en cámara lenta como cerraba sus ojos, como se recostaba en mi mano mientras sus alas y garras se contraían.

La vida de un ave se había desvanecido en la palma de mi mano. Un gato ahora me veía con ojos de culpabilidad. Un ave seguía cantando en el patio, parado en la punta de una de las varillas de metal que sobresalían de un triste concreto gris.

El gato fue sometido a una dosis de “chanclasos”, como si de un niño se tratase; para que comprendiera que lo que ha hecho es una grave violación a las reglas de la casa.

El ave asesinada fue enterrada en una maceta que tiene una pequeña planta que le da vida a un rincón del patio.

Pero lo que quería compartir con ustedes es el sentimiento y la vida que todos los seres vivos tenemos; todos amamos y sufrimos.

Era el 23 de Julio pasando las 4pm cuando me di cuenta que el sonido del ave no siempre es un canto de felicidad; no siempre es una hermosa melodía que contagia alegría e ilumina una mañana o una tarde con su dulce sonido. Y es que también hay canciones tan hermosas, con una melodía sublime y una música que podría llenarte de alegría pero con una letra tan triste que hace que todo cambie.

La tristeza se va cuando las aves cantan su alegría; pero la melancolía llega cuando las aves cantan sus penas, su dolor.

Esa ave que acompañaba al ave asesinada regresa una y otra vez durante el día, día tras día; aun arriesgándose ante la manada de felinos que le miran curiosamente. Esa ave canta su melodía, pero sé perfectamente que no es de alegría, sino de dolor, de preocupación, de nostalgia.

No sé si se le pueda llamar canto, pero grita, grita buscando a su compañero, grita con el mismo sonido que antes del 23 de julio a las 3pm; era un sonido de alegría, ese sonido del ave es el mismo, pero su significado hoy es otro.

Ese sonido hoy para mí solo es de nostalgia, como las canciones tristes; aunque las canciones son a veces mentiras nostálgicas, la melodía del ave es real; tan real que regresa una y otra vez a buscar a su compañero. A ese compañero que murió en mi mano.

¿Cómo decirle que fui testigo de lo que paso; que su cantar me entristece? ¿Cómo decirle que sus constantes retornos son en vano; que es un ave y tiene todo un cielo por el cual volar; porque este patio gris es tan pequeño y caluroso para que una pequeña ave este constantemente; como si de una jaula se tratase?.

Ahora mi patio es eso, una triste jaula donde un pajarillo no canta de alegría, sino de dolor.

Publicado por Helena

Escribía para mí hasta que me di cuenta que me lees, ahora escribo para ambos, porque hay algo que nos une en esta hermosa e irónica vida.